Tacos a la Panda: Elecciones 2016, o como se puede perder una carrera por una nariz

Ya estamos de vuelta con la nueva ronda de tacos a la panda. Esta vez hablaré del tema de moda, que es además un tema del que ya hablé anteriormente: las elecciones presidenciales en Estados Unidos.




Estamos a unos cuantos días de que se defina quién será el nuevo presidente del todavía país número uno del mundo. Los nombres de los candidatos, a menos de que vivas en una isla desierta sin internet, probablemente son conocidos por todos.

La opinión fuera de los Estados Unidos ha sido muy clara desde el inicio: sería una locura que Trump ganara la presidencia, ya que, entre su xenofobia, su discurso arrebatado y su falta de política llevarían a Estados Unidos a una inevitable crisis económica y política, y junto con ellos el resto del mundo.

Solo unos cuantos fuera de su país lo apoyan. Yo estaba en esa lista, incluso escribí una nota donde decía que yo votaba por Trump. Aprovecho para aclarar por qué la escribí. No fue porque esté de acuerdo con la forma de pensar de ese neandertal color naranja, sino porque la inevitable crisis que provocaría en Estados Unidos impactaría tan fuerte a México, que tal vez… solo tal vez… esa sería la llamada de atención para que gente, empresarios y gobierno de México dejarán de voltear hacia ese país y se dieran cuenta que hay un mundo más allá de Estados Unidos con el que hay que aprender, participar y cooperar.

Aclarado (y espero reivindicado) mi “apoyo” a Trump, recapitulemos rápidamente a los dos verdaderos candidatos presidenciables de esta contienda (no vamos a reparar en los otros dos candidatos que ni siquiera sabemos sus nombres de pila).

Donald Trump es un multimillonario que como empresario ha tenido grandes resultados y también espectaculares fracasos. Ha pasado de quiebras terribles a levantarse y volver a levantar sus negocios (esto último en lo personal creo que es de admirarse). El verdadero tamaño de su fortuna (que puede estar entre los cientos de millones y los miles de millones de dólares) no es claro, ya que por años no ha permitido ver la contabilidad de sus empresas.

Su mayor éxito ha sido su programa “El aprendiz” que le dio rienda suelta a su narcisismo y volverse un experto en manipular al público. Estas habilidades aprendidas en su “reality show” le permitió ganarles a los potenciales candidatos republicanos que compitieron contra él. La verdad es que no tuvieron oportunidad contra este “show-man”. Su campaña estuvo salpicada (más bien bañada) de los más terribles comentarios en sus discursos, que iban del racismo, a lo ilógico, a afirmaciones sin ningún dato que lo respaldara.

Hillary Clinton es probablemente una de las mujeres con más años de experiencia en la política y vida pública de Estados Unidos. Dedicó su carrera entera a esta profesión y su paso por la Casa Blanca como primera dama es apenas uno de los tantos cargos que ha tenido en su carrera política. Tiene aciertos y desaciertos y los medios se han encargado de destacar sus errores, entre ellos su participación en operaciones militares cuestionables y el mal manejo de información confidencial. Esto último provocó un escándalo mediático que le costó su imagen y ahora es considerada como mentirosa y sin escrúpulos.

Comparado con el de Trump, su discurso político es elocuente y sensato, aunque el cuaderno de dibujo de un niño de 4 años sería más elocuente y sensato que el discurso de Trump. Podríamos dejar la propuesta de Clinton como la verdaderamente viable de las dos opciones.

Esta carrera presidencial ha sido un verdadero circo más que una carrera donde evalúas con datos que caballo y que jockey tiene mejor opción de ganar. Para ser sinceros, Clinton tenía pocas oportunidades de ganar. Su vasta experiencia política no le estaba sirviendo contra la habilidad de Trump para el manejo de los medios y de cómo conectó emocionalmente con el estadounidense de clase media baja, resentido con el gobierno y mal informado sobre cómo funciona la economía y cómo afecta la inmigración a su país.

No fue sino hasta que “casualmente” el video con los comentarios machistas de Trump sacudieron su imagen y dio paso a que 10 mujeres salieran a la luz para acusar al candidato de acoso sexual. Este as bajo la manga es el que está inclinando la balanza a favor de Clinton y que, a pesar de que el pueblo de Estados Unidos no está listo para su primer mujer presidente, ganará muchos votos porque “ella no es Trump” y/o porque será la opción más viable “para no hundir al país”.

Dicho esto, se puede predecir con tranquilidad que Clinton será la triunfadora de las elecciones. Evidentemente no será fácil, según las encuestas la balanza está inclinada a su favor apenas por el 10% (las encuestas suelen marcar márgenes más altos que la realidad). Además, los medios -y Trump- han creado un ambiente de tensión como nunca se ha visto en las elecciones de ese país. Incluso están usando el término de “fatiga electoral” para describir lo cansada que está una persona de estar al tanto de las elecciones. Como dirían en las carreras de caballos, esto será un final de fotografía, en la que Clinton ganará por un margen mínimo, pero suficiente, por una nariz.

Casi puedo ver el 9 de noviembre a Trump, en su departamento con puertas de oro, haciendo la rabieta de su vida porque perdió las elecciones después de haber llevado la delantera con su caballo casi toda la carrera.

China está listo para actuar y trabajar con quien quede ganador. Sin embargo, supongo que prefieren a alguien predecible y con experiencia en el ámbito político internacional, en vez de un multimillonario que quiere arreglar las cosas con una llamada telefónica o poniendo muros entre él y sus problemas.

¿Qué traerá este resultado a Latinoamérica? De inicio, tranquilidad. Tranquilidad de que no ganó Trump. Clinton es la promesa de que las cosas seguirán más o menos su curso actual. Tendremos un jockey experimentado dirigiendo un caballo famoso y no un adolescente (de 70 años) que quiere llevar a su caballo al límite sin importarle que reviente a media carrera.

Esto hace feliz a la gente, porque no tiene que preocuparse por que va a suceder mañana ni si van a haber nuevas formas de cómo hacer las cosas. Regresaremos a “pan con lo mismo” porque a nadie le gusta que lo muevan de su zona de confort, para los que mandan y para los que obedecen. Desafortunadamente para todos ellos, esa era terminó hace ya varios años en el resto del mundo y solo los está retrasando en el ingreso a una nueva era de economía y sociedad, pero ese tema, ya serán otros tacos a la panda.

Como siempre, me encantaría saber sus comentarios. Por favor escríbanme a paco@dxmconsulting.com

[Crédito foto: CNN]

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