Las norcoreanas son vendidas en China como esposas

Cuatro desertoras de Corea del Norte hablarán en las Naciones Unidas en nombre de miles de sus compatriotas que han escapado de la pobreza en su país y han aceptado casarse con hombres chinos, pero después de haber hecho una vida al margen de la legalidad se vieron obligadas a escapar hacia Corea del Sur dejando atrás la violencia doméstica y también a sus hijos.




Los sentimientos de culpa por haber abandonado a sus hijos en China y el temor de ser marginadas de nuevo en su país de adopción, Corea del Sur, llevó a que muchas prefirieran mantenerse calladas. Sin embargo, ahora quieren contar sus historias al mundo para que ninguna otra mujer en el futuro sufra la misma suerte que les tocó padecer a ellas.

Entre el 8 y 18 de octubre, cuatro desertoras de Corea del Norte viajarán a Estados Unidos para pedir ayuda a la Organización de las Naciones Unidas. Ellas hablarán en nombre de miles de sus compatriotas que han escapado de la pobreza en su país y han aceptado casarse con hombres chinos, pero después de haber hecho una vida, al margen de la legalidad en China, se vieron obligadas a escapar hacia Corea del Sur por violencia intrafamiliar. Ante la imposibilidad de denunciar los abusos y para evitar que Beijing haga una repatriación forzada, decidieron huir hacia territorio surcoreano dejando atrás a sus hijos nacidos en China.

Kim Jungah, de 35 años, sintió cómo su corazón se “desmoronó” en el momento en que tuvo que despedirse de su hija, que en ese momento tenía cuatro años de edad. De eso ya hace 10 años, cuando dejó atrás la ciudad de Longjing, en el noreste de China. Ahora vive en Corea del Sur, se volvió a casar y tuvo dos hijos más, pero nunca ha dejado de pensar, sin decirle nada a nadie, en su hija que dejó atrás.

La vergüenza por su “controvertido” pasado la ha llevado a mantener oculta esta dramática situación ante su nueva familia y la imposibilidad de volver a China para buscar a su hija es una causa más de frustración. En caso de intentarlo, Kim correría el riesgo de ser expulsada como la mayoría de los desertores norcoreanos que son atrapados y acusados de cruzar ilegalmente la frontera entre China y Corea del Norte.

En territorio chino el contrato matrimonial que involucre a un fugitivo no tiene ningún valor y el intento de reunificación familiar es visto por las autoridades chinas como un “problema personal” y no como un problema digno de interés internacional.

"Nada nos puede ayudar, ni la ley de Corea del Sur, ni los chinos, ni la ley de Corea del Norte", dijo Kim a Associated Press (AP).

Después de abandonar a su hija más allá de la Gran Muralla, se trasladó al sur del paralelo 38, donde se convirtió en una “activista”. Ella será parte de la delegación que viajará a Washington y Nueva York para exponer su situación y la de miles de sus compatriotas.

El tráfico de novias de Corea del Norte es un negocio que despegó en los años 90, cuando una terrible hambruna golpeó al país más hermético del mundo y hubo cientos de miles de muertes. Muchas huyeron entonces y lo continúan haciendo hoy en día debido al “mercado” de esposas que se alimenta de la escasez de mujeres en la sociedad china, especialmente en las zonas rurales.

La compra de esposas procedentes de países pobres del sudeste asiático es un práctica muy conocida por los clientes chinos, quienes en su mayoría son campesinos solteros o viudos entrados en años cuyas condiciones económicas no los hacen buenos partidos para casarse con mujeres chinas y buscan afuera lo que no pueden obtener en su país.

Hasta hace pocos años las norcoreanas eran atraídas por los contrabandistas chinos con la promesa de comida y trabajo, otras eran secuestradas y en el caso de las más jóvenes y bonitas aún son compradas por bares, prostíbulos y karaokes.

El precio varía según la edad y la apariencia física, y según algunos testimonios dados a conocer en 2007, pueden llegar hasta los 20.000 yuanes (unos 3.000 dólares).

“Los contrabandistas no ven a las mujeres como seres humanos sino como una mercancía”, dijo a AP Park Kyung-hwa, quien escapó de las manos de contrabandistas en el año 2000, después de un primer intento de fuga castigado con 20 minutos de golpes.

Sin embargo, con el tiempo continuó aumentando el número de mujeres dispuestas a ser vendidas con la esperanza de encontrar una vida mejor al otro lado de la frontera y bajo la protección de un marido chino. Y aunque en los últimos años la venta de novias de Corea del Norte ha disminuido, se estima que son miles las que siguen llegando al otrora Imperio Celeste, la mayoría de forma ilegal.

[Crédito foto: Hanguk Yeonghwa]

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