Comienza la carrera por los recursos naturales en el Océano Ártico

Hace tres décadas la capa de hielo polar en el Océano Ártico recubría 8 millones de kilómetros cuadrados durante los meses de verano. Científicos estadounidenses comprobaron este mes que la capa congelada apenas llega a los 3,4 millones -su mínimo histórico- debido a los efectos del cambio climático. Este acelerado deshielo del Ártico está dejando al descubierto un área marina abundante en recursos naturales y de gran atractivo económico, abriendo paso a lo que se perfila como una de las mayores carreras geopolíticas del último siglo. Y China parte como una de las más interesadas.



Por un lado, se calcula que esta región podría contener -según una investigación del Servicio Geológico estadounidense- hasta un 30% de las reservas desconocidas de gas natural en el mundo y 13% de las de petróleo, así como vastos depósitos de tierras raras. Por otra parte, el Ártico podría resultar tan revolucionario para la navegación marítima como lo fueron en su momento el Canal de Panamá o el de Suez. El gradual deshielo permite pensar que pronto será factible el tránsito a través del extremo norte del globo durante el verano, potencialmente reduciendo los costes de transporte hasta en un 20% y acortando las distancias para el comercio.

Todas las evidencias apuntan a que existe una correlación directa entre el cambio climático y el mayor acceso al suelo marino ártico. “El alza en las temperaturas -debido al uso de combustibles fósiles- ha conducido a una rápida desaparición de la capa de hielo estacional, abriendo áreas del Ártico que eran inaccesibles antes”, señaló a China Files Rod Downie, director de proyectos polares de la World Wildlife Fund (WWF). “Una explotación irresponsable de estos recursos naturales podría, a su vez, conducir a un mayor cambio climático. Esa es la gran ironía”, añadió.

Hasta ahora, la exploración de recursos naturales en la región apenas comienza, pero la magnitud de sus posibles yacimientos la ha puesto en la mira de las grandes potenicas. “La explotación petrolífera y de gas en el Ártico conlleva las mismas dificultades que en cualquier otro lugar del mundo, pero también riesgos muchos mayores. Las duras condiciones no sólo generan obstáculos a la extracción, sino que incrementan las probabilidades de un derrame catastrófico”, explicó a China Files Elizabeth Plantan, una investigadora en política medioambiental de la Universidad de Cornell.

La prueba del potencial desastroso de un accidente en el Ártico sería el derrame de Exxon Valdez, ocurrido en el sur de Alaska en 1989. Veintidós años después, siguen apareciendo vestigios de crudo, en ocasiones hasta a 450 kilómetros del lugar del siniestro.

Afortunadamente, señalan tanto Downie como Plantan, incluso dentro del sector privado existe cada vez mayor conciencia sobre las dificultades y los riesgos medioambientales de la explotación en la región. La francesa Total S.A se convirtió este miércoles en la primera petrolera en declararse en contra, aunque no mencionó el gas natural. En julio, la BP canceló un proyecto en Alaska porque los costes para minimizar su huella ecológica lo hacían económicamente inviable. Y a comienzos de año el banco estatal alemán WestLB fue el primero en anunciar que no proveería financiación a ningún proyecto en la región por sus altos riesgos y costes.

Esto no ha impedido, sin embargo, que empresas como la holandesa Shell, la noruega Statoil, la rusa Rosneft y la británica Cairn Energy hayan redoblado sus esfuerzos de exploración allí en los últimos años.


La diplomacia ártica

Hasta ahora la diplomacia regional había pasado por el Consejo del Ártico, un organismo que agrupa a los ocho países más nórdicos del globo. Sin embargo, con el descubrimiento de su potencial económico han surgido diferencias territoriales y económicas entre sus miembros y se han sumado nuevos actores a la carrera por el Ártico. El principal problema es que sus decisiones no son vinculantes y por lo tanto, podría perder el control del desarrollo de la zona.

China, que no cuenta con ningún territorio en la región polar, se ha convertido en uno de los más interesados en que esta región se abra al comercio y a la explotación internacional. Su argumento es que la gestión de una zona tan importante a nivel global no puede recaer en tan pocas manos, una idea que en su momento tuvo peso en la carrera por la Antártida. Una posición similar han expresado Japón, Corea del Sur y la Unión Europea.

Como prueba de la importancia que concede al Ártico, China ha destinado un presupuesto mayor que el de Estados Unidos a la investigación polar. Beijing cuenta ya con una estación científica en el archipiélago noruego de Svalbard y en abril su rompehielos Xuelong -el más grande del mundo- se convirtió en el primer navío chino en atravesar el Ártico.


La economía polar

Hay razones económicas de peso detrás del interés chino. Además de la necesidad que tiene de aumentar sus fuentes de abastecimiento de petróleo y gas, al gobierno chino está detrás de la gestión de las tierras raras. Solamente Groenlandia estima que en su territorio podrían encontrarse hasta un 20% de la demanda mundial de algunos de estos 17 minerales, fundamentales para nuevas industrias como los teléfonos móviles, las turbinas eólicas y los autos híbridos. Actualmente Beijing controla hasta el 90% de la producción de algunos materiales como el disprosio, el terbio, el neodimio, el europio y el itrio.

Para conseguir un asiento en la diplomacia ártica, China está realizando un intenso lobby que ha sido acompañado por la suscripción de generosos acuerdos comerciales para sus nuevos socios. Entre abril y junio, el premier chino Wen Jiabao visitó Suecia e Islandia, mientras que el presidente Hu Jintao se convirtió en el primer alto funcionario chino en visitar Dinamarca, que ya apoya las aspiraciones árticas de Beijing.

El mayor escollo parece ser Noruega, con quien China congeló las relaciones diplomáticas desde la concesión del Premio Nobel de Paz a Liu Xiaobo en 2010. Groenlandia, que posee uno de los mayores depósitos de tierras raras en el mundo y podría acabar con el monopolio chino de estos metales valiosos en la tecnología de punta, se ha convertido en uno de los rincones más cortejados – y no sólo por los chinos.

Su cambio de estatus internacional es evidente. “Nos tratan ahora muy diferente a como lo hacían hace apenas unos años. Somos conscientes de que se debe a que tenemos algo que ofrecer, no porque de repente descubrieran que los Inuit somos buenas personas”, señalaba Jens Frederiksen, el vicepremier de la isla, al New York Times. Los nuevos actores y la ausencia de una institución que pueda regular, mediante compromisos vinculantes, el acceso al Ártico ha dejado en evidencia la urgencia de establecer un nuevo orden en la región.

“Un nuevo conjunto de convenios y regulaciones internacionales similares al Tratado que rige en la Antártida podría separar determinadas áreas del Ártico para el desarrollo y la navegación, así como proteger otras para la investigación científica”, señala Elizabeth Planton. “Creo que es el único mecanismo que aseguraría la gestión sostenible de la región”.

Reportaje publicado en La Nación (Argentina)


Lea más sobre la carrera por el Ártico:

Noruega lleva su pelea diplomática con China al Ártico

Lo que va de un Nóbel a la guerra del salmón


Comentarios