China compra el 70% de la basura electrónica del mundo

China produce más de un millón de toneladas de basura electrónica. Pero no solo es el segundo productor mundial, después de Estados Unidos, sino que es el importador número uno, comprando casi el 70% de las 500 millones de toneladas producidas en el mundo.





Detrás del desmonte y reciclaje de partes electrónicas, China ha montado un negocio que se ha demostrado lucrativo en los últimos años. Pero también altamente negativo para el medio ambiente y la salud de quienes viven cerca de las plantas.

El negocio de reciclaje de basura en China alcanzó os 506.900 millones de yuanes (80.000 millones de dólares aproximadamente) en 2010, según un reporte del diario de Shanghai, Business News, incluyendo los procesamientos de chatarra (de hierro y acero), residuos plásticos, neumáticos, papel, plástico y productos electrónicos.

Este negocio produciría empleo para 18 millones de personas en 10,000 compañías dedicadas a esto y 200.000 tiendas y puestos de reciclaje en todo el país, según la Asociación Nacional de reciclaje de recursos.

Pero hoy en día, el negocio más lucrativo se ha convertido el de reciclar productos electrónicas y sus componentes. Se calcula que desde 2003, China ha desmontado 5 millones de televisores, 4 millones de neveras, 5 millones de lavadoras, 5 millones de computadores y más de diez millones de teléfonos celulares.

Y las cifras no parecen parar. Al comienzo, la mayoría de esta basura provenía de Estados Unidos y Europa, hasta que los grupos de acción presionaron por una reducción en las exportaciones de desperdicios electrónicos –o incluso una prohibición definitiva- por el impacto ambiental que puede generar en los países de destino. No lo han logrado, y aún gran parte de la basura proviene de allí, pues el negocio es rentable para ambos lados. Los países se deshacen de una basura incómoda y costosa de reciclar y pagando una suma considerable de transporte, pueden enviarla a China, donde las empresas se encargan en separarla, reciclar y revender ciertas partes y deshacerse de otras.

A esto se suma el creciente poder adquisitivo de los países asiáticos, con su pasión desbordada por la tecnología que han hecho de Tailandia, Corea, Indonesia y hasta la misma China unos grandes productores de basura electrónica.

En China, las regulaciones continúan aún siendo laxas, a pesar que en 2002 lanzó un documento que prohíbe las importaciones de basura electrónica para controlar el impacto ambiental. Pero los intereses económicos, que se conjugan con un bajo control por parte de las autoridades han hecho que diez años después, China continúe importando desechos electrónicos.

Según la ley china, la importación de basura se divide en tres categorías. La primera permite la importación de desechos sólidos que no generan toxicidad en su reciclaje, la segunda restringe las importaciones de plástico y chatarra a un permiso especial dado por el Departamento de protección ambiental. La tercera categoría, prohíbe la importación de computadores usados, baterías, pilas, celulares, tablas de circuitos, impresoras, y cualquier otro producto electrónicos. La razón: la contaminación que se genera de su reciclaje.




Guiyu, capital del reciclaje electrónico

La costa occidental china es la puerta de entrada de toda la basura electrónica al ser las zonas más cercanas a los puertos y las zonas de mayor desarrollo tecnológico del país.

En Guangdong, existen historias de pueblos enteros que pasaron de ser sociedades rurales a ser millonarios en poco tiempo, gracias a la transformación laboral que enfocó a toda la población a desmontar y reciclar productos electrónicos. Guiyu, en Guangdong, es una de ellas, con transacciones anuales de hasta 75 millones de dólares y la denominación de la capital mundial de la basura electrónica.

Muchos de estos componentes electrónicos contienen oro, cobre, plata, aluminio y otro metales preciosos en pequeñas cantidades, importantes y valiosos para los recicladores. Sin embargo, solo hasta hace pocos años se entendió que en el proceso de separar estos componentes se encontraban también con plomo, mercurio, cadmio, cromo y otros elementos químicos que en grandes cantidades son tóxicos para el ambiente y el ser humano.

El pueblo se ha convertido no sólo en un refugio de basura sino que su aire se ha llenado de gases altamente contaminantes, derivados del proceso de la incineración de cables, tablas de circuitos.

Las plantas además han contaminado grandes extensiones de agua, llegando incluso al sistema local de agua. Una cifra más para la larga lista de agua contaminada en China, donde se calcula que el 70% de las reservas acuíferas no son seguras para el consumo humano. En la tierra de Guiyu se han encontrado plomo y grandes cantidades de cromo.

La salud de los habitantes se ha visto seriamente afectada por este fenómeno. Según reportes, el 70% de los niños del pueblo superan los niveles normales de plomo en la sangre, llegando a niveles de envenenamiento. El pueblo diaramente trabaja y produce uno de los más altos índices causantes de cáncer.



Un reporte publicado por la BBC denuncia que además de los altos niveles de contaminación derivados de este proceso, se encontraron un gran número de micro partes abandonadas, muchas incluso nuevas y que no habían sido usadas en las plantas de ensamblaje. La denuncia apunta, que además de enviar productos usados, varias compañías que producen para Samsung o Panasonic descartan partes electrónicas en Guiyu, donde ninguna autoridad revisará.

Las ciudades costeras han reducido su producción y otras internas han tomado la batuta. Grandes ciudades como Beijing, Shanghai, Wuhan y Guangzhou han comenzado a montar plantas de reciclaje con estándares de calidad ambiental. Pero según cálculos del Programa ambiental de Naciones Unidas (UNEP), la basura ambiental en China crecerá en un 400% en 2020 y el de teléfonos celulares en un 600%, comparado con los datos de 2007 y no sólo por el consumo mundial sino por el aumento considerable que se verá en China en los próximos años.
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