China, una corta palabra y cinco letras para evocar uno de los países más imponentes del mundo

No sólo porque se ha convertido en la nación de mayor crecimiento económico en la historia ni porque en cualquier pequeño pueblo del mundo se puede encontrar algún objeto fabricado en la cuna de una de las civilizaciones más antiguas. Ni porque todo en China parezca salido del libro de los Records Guinness: la montaña más alta, la población más grande, el idioma más hablado. China es imponente porque aquí uno entiende el peso de la historia y se encuentra ante una mezcla extraña, contradictoria y hasta surreal del pasado, el presente y el futuro. Entre la tradición y la modernidad arrasadora, entre lo decididamente innovador y lo obstinadamente conservador, entre la explosión urbana y la abundancia de migrantes, el visitante se enfrenta ante una perspectiva única en el mundo.





Con más de 5.000 kilómetros de extensión en cualquier dirección, en donde habitan 1.350 millones de personas que componen un total de 56 minorías étnicas, China ofrece un recorrido que se adapta a cualquier gusto. Para los que quieren viajar cinco estrellas, hay suntuosos hoteles y restaurantes que reviven los menús de la corte imperial, con comodidades y lujos que en otras partes del mundo serían inaccesibles. Para los más trotamundos, hay largos recorridos a pie entre aldeas milenarias, excursiones en bicicleta por arrozales y en camello por la estepa, expediciones por decenas de montañas sagradas budistas y taoístas en busca de los paisajes de bambú y pagodas que forman el imaginario chino.

Imponentes cordilleras y desiertos, lagos cristalinos, cultivos en terrazas de té y de arroz, templos centenarios y ciudades supersónicas con avances tecnológicos que descrestan a cualquiera. Un lugar donde aún es tan factible toparse con un grupo de nómadas tibetanos como con el último magnate en ingresar a la selecta lista Hurun, el Forbes chino. Un país, de sólo cinco letras, que ofrece al mundo una unión única de polos opuestos y fascinantes contradicciones.


El largo viaje hasta China

Si no existieran las limitaciones de tiempo y dinero, China sería para recorrer en más de un mes. Pero la distancia que nos separa desde América Latina -18 a 30 horas, dependiendo de las escalas- obliga a escoger una ruta que pueda dar al viajero un panorama general de lo que es China.

La ruta tradicional incluye paradas en Beijing, Shanghai, Xi’an y Yangshuo. Muchos complementan esa ruta visitando Hong Kong y los que quieren conjugar turismo con negocios añaden una parada adicional en Guangzhou o Shenzhen. Otros con mayor sentido de aventura se lanzan a explorar las más remotas provincias de Yunnan, Sichuan, Tíbet o Xinjiang. Acá un breve recorrido por las principales paradas.



Beijing, una ciudad monumental

Si uno tuviera que escoger una sola ciudad de China debería ser Beijing. Y entre más días, mejor. A pesar del rápido desarrollo del país -y gracias a alguna fuerza protectora dentro del gobierno chino- una parte de la historia china se conserva intacta en la capital.

La Plaza Tiananmen, la más grande del mundo, encierra en su kilómetro de extensión la historia de la gestación del país, flanqueada por la Ciudad Prohibida, el complejo de 980 edificios donde vivieron durante cinco siglos los emperadores rodeados de concubinas y eunucos. A sus otros lados se erigen el Museo Nacional -más grande que el Louvre desde su reciente remodelación- y el Gran Palacio del Pueblo, centro de poder de un partido político que cuenta con más de 80 millones de miembros. La presencia de Mao es casi omnipresente, desde el enorme retrato que cuelga del muro rojizo de la Ciudad Prohibida hasta el mausoleo donde yace su cuerpo cuidadosamente embalsamado.

El encanto de la vieja Beijing -la que sobrevivió a la trágica Revolución Cultural- es innegable, en gran medida porque sigue estando integrada a la vida diaria de sus habitantes. El Templo del Cielo, un edificio cónico de tan perfecta simetría que no necesitó una sola puntilla, es uno de los puntos de encuentro preferidos de los pequineses para bailar, cantar y jugar diábolo. El majestuoso Palacio de Verano, rincón favorito de la legendaria y temida Emperatriz Cixi, reúne a cientos de chinos que buscan elevar sus cometas y hacer taichí.

Igual de cautivante resulta la vieja Beijing residencial, menos aristocrática pero llena de atmósfera y color. Las calles alrededor de Nanluoguxiang y Houhai, el céntrico lago de Beijing, cerca a las torres del tambor y la campana, son el mejor lugar para explorar la arquitectura tradicional china. Entre sus hutong -pequeños callejones- y sus siheyuan -casas construidas alrededor de un patio central- se esconden elegantes hoteles boutique, restaurantes y bares tan bohemios como chic y una calma que parece imposible en el centro de una gran metrópolis. Caminar por esas zonas es sumergirse en una forma de vida única, regulada simultáneamente por las leyes del fengshui –impartidas desde el imperio- y las normas del comunismo, que dividió arbitrariamente lotes y casas para desalojar a los terratenientes y dar vivienda al pueblo.

Y junto a ellas, surge la Beijing ultramoderna. Desde la zona olímpica, prueba de la inversión y dedicación que la capital china le puso a acoger los Juegos Olímpicos de 2008, hasta el distrito de arte 798, un complejo de fábricas industriales transformadas en las galerías y estudios de arte que han catapultado a artistas hoy mundialmente famosos como Ai Weiwei y Yue Minjun.



A la muralla

A pesar de lo que se suele decir, no es una construcción ininterrumpida, no fue erigida en su totalidad por una sola dinastía ni por un solo emperador y tampoco se puede observar desde el espacio.

Pero, mitos falsos a un lado, la visita a la Gran Muralla sigue siendo el epicentro de cualquier viaje al Reino del Medio. La sobrecogedora obra de ingeniería fue una audaz invención que sirvió para delimitar zonas, protegerse de las invasiones mongolas y manchúes e incluso funcionar como carretera en las montañas que rodean la capital. De las decenas de tramos abiertos al turismo, la más recomendable -por su condición, cercanía y la calidad de sus servicios- es Mutianyu, a una hora de Beijing.



Shanghai, la perla vibrante de oriente

Shanghai vibra en cada esquina. Si bien es mucho más internacional que cualquier otra ciudad en el país, el espíritu chino se conserva intacto. Aunque se esté caminando en medio de las mansiones coloniales de la concesión francesa o los grandes edificios de la inglesa, siempre se podrán ver los rastros de una ciudad que se formó a cuatro manos: dos chinas, dos extranjeras.

Shanghai es más para vivirla que para recorrerla con guía en mano. Como buen centro financiero, es sinónimo de vida dandy, de moda y de arte. Aunque es indiscutible el atractivo del templo del Buda de Jade o los Jardines Yuyuan, es más interesante perderse por la zona artística de Taikang Lu, sentarse a tomar un trago en la selecta zona de Xintiandi o comer en los restaurantes del Bund con una vista inigualable de la desarrollada zona de Pudong y su supersónica Torre de la Perla.

Para los devotos del arte, Shanghai ofrece dos joyas: el Museo de Shanghai, con una de las mejores colecciones arqueológicas y artísticas de la China antigua, y el Museo de Propaganda, una colección privada única con los mejores carteles comunistas desde la subida de Mao, el “gran timonel”, al poder.




Las “Venecias” de Asia

Alrededor de Shanghai, abundan las opciones para paseos de un día, comenzando por los pequeños pueblos de agua. Uno de los más pintorescos es Zhujiajiao, una aldea de calles bordeadas de canales y casas de techos curvos como salidos de una acuarela china.

Suzhou, a menos de una hora en tren, alberga los mejores ejemplos de jardines chinos, diseñados filosóficamente y con la medida perfecta de agua, rocas y tierra para cumplir las estrictas reglas del fengshui.

Hangzhou, también a una hora de Shanghai, es una moderna pero tranquila ciudad construida a las orillas de un enorme lago, tan vistoso que el director de cine Zhang Yimou lo escogió como escenario de uno de sus deslumbrantes shows musicales “Impressions”.


Los guerreros de Xi’an

En una cultura tan antigua como la china, parece casi mentira que uno de sus mayores orgullos apenas sea conocido desde hace menos de medio siglo. Pero es cierto: los guerreros de terracota de Xi'an -uno de los mayores descubrimientos arqueológicos del siglo XX- sólo salieron a la luz en 1974. El Emperador Qin Shi Huang mandó fabricar, en el siglo III a.C., este enorme ejército de tamaño real para acompañarlo en su viaje a la ultratumba y hoy se exhiben orgullosamente en un enorme galpón a las afueras de la ciudad.

Muchos deciden saltarse la ciudad para llegar más rápido a los soldados, pero Xi’an -como el punto de inicio de la ruta de la seda que atravesaba toda Asia- tiene mucho que ofrecer al turista curioso. De su vigencia como importante centro comercial por más de quince siglos quedan huellas como el barrio musulmán y la murralla que bordea la ciudad.

El Templo de Famen es una de sus joyas mejor escondidas. El templo conserva cuatro huesos de un dedo sangrante de Buda y un tesoro de más de mil objetos de ofrenda que permanecieron enterrados por más de un milenio, lo que lo ha convertido en uno de los centros de peregrinación más sagrados para los budistas.



Un viaje por el río Li

Y no hay mejor manera de rematar un viaje a China que con una travesía en barco. Desde Guilin, comienza un recorrido por los misteriosos paisajes del río Li, serpenteando por las montañas de topografía kárstica están inmortalizadas en el billete de 20 yuanes y decenas de pinturas chinas. Después de tres horas, en un recorrido de 83 km., el bote atraca en Yangshuo, una coqueta ciudad ubicada en medio de los arrozales cultivados en terrazas sobre las laderas de la montaña. Sus paisajes sirven también de escenario para otro de los musicales de Zhang Yimou.

Yangshuo es uno de los pocos pueblos urbanos en los que se puede explorar el ambiente rural chino. Con el rápido desarrollo del país, se puede pronosticar que esto cambiará próximamente.


Las mil y un rutas

Pero así como la ruta de la seda creó diversos caminos, el turista puede hilar su recorrido dependiendo de lo que busque. Las opciones espirituales, naturales, históricas, culturales y hasta gastronómicas pueden crear recorridos variados que pueden llegar a cubrir enormes distancias. Y así como el mundo ha visto más de 4.000 años de historia china, se prepara para una nueva etapa: la de la nueva potencia mundial, y con su nueva posición, la del destino turístico de la década.





Experiencias muy chinas para no perderse


Mercados

La mayoría de los productos “made in China” se pueden encontrar en mercados a lo largo de las grandes ciudades, desde aparatos electrónicos hasta objetos de decoración, pasando por vestidos y productos de marca –copias y originales-. Recuerde la ley máxima en China: todo se puede negociar y la táctica es comprar cuando el vendedor está realmente de mal genio.

Karaoke

Aunque viene de Japón, China ha tomado el karaoke como una práctica común de diversión, amistad y se ha vuelto parte fundamental en muchos cierres de negocios. Aquí no hay vergüenza y nadie se fija en el tono de voz del otro. Normalmente se encuentran en enormes edificios, con cuartos privados que se alquilan por horas. Si está en Beijing o Shanghai, seguramente encontrará entre los Beatles y Madonna, alguna canción de Juanes y hasta de José Luis Perales.

Ceremonia del té

China es el dueño y maestro del té en el mundo. Además de poder degustar una variada oferta de sabores y colores, se puede aprender todo el ritual que existe detrás de servir una copita de té.

Ver un show de acrobáticos, artes marciales o de ópera china

Tanto en acrobacia como en artes marciales -como el kung-fu-, se garantiza que saldrá con la boca abierta. Con meditación, estiramientos y prácticas de varios años, estas personas se han convertido en unos artistas del cuerpo. La ópera ofrece un espectáculo de colores muy distinto al que los ojos occidentales están acostumbrados, y no sólo musicalmente sino en el dominio escénico.


Reportaje publicado en la Revista V&T (Colombia)

[Fotos de Natalia Tobón Tobón]

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