¿Cómo interpretar la desaceleración económica china y sus implicaciones en América Latina?

Durante la celebración de la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular la semana pasada en Beijing, el primer ministro chino Wen Jiabao sorprendió al mundo al anunciar una tasa de crecimiento del producto interno del 7,5% este año. La noticia generó conmoción, ya que es la más baja en siete años y está por debajo del 8% que el gobierno chino siempre mantuvo como meta mínima. Aunque el anuncio dio pie a una incertidumbre del futuro de la economía china, resulta importante precisar los verdaderos alcances y causas de esta “inesperada” noticia, así como sus posibles implicaciones en América Latina.



Motivos principales de la desaceleración

En primer lugar, y con el objeto de lograr una adecuada comprensión, debemos situar la proyección de crecimiento realizada por el gobierno chino en un panorama económico mundial con características particulares.

El año 2011 tuvo como nota esencial la inestabilidad y tendencia a la baja de la economía global, especialmente de Estados Unidos y de un número no menor de economías europeas, lo que trajo como consecuencia inevitable una incertidumbre generalizada.

A su vez, China es una economía cuyo crecimiento se encuentra íntimamente ligado a sus exportaciones así como a la inversión extranjera en su país, por lo que en la medida que el panorama internacional no logre recuperarse de la gran recesión, el país asiático se encuentra obligado a recortar su tasa de crecimiento. En este sentido podemos situar las palabras de Wen: “Consolidamos y construimos nuestros logros y metas en respuesta a la crisis económica mundial, y de esta forma se ha materializado el décimo segundo plan quinquenal”.

Sin embargo, la crisis financiera global no es la única razón por la cual el gobierno de Hu Jintao ha decidido hacer una proyección de crecimiento bastante moderada para este 2012, sino que, a su vez, existen causas que sólo es posible explicar a partir de la propia situación y objetivos de China.

Intención de cambiar el modelo de crecimiento económico

Para comprender dicha afirmación, es necesario analizar las siguientes palabras pronunciadas por Wen Jiabao en su discurso:

“En este momento, quisiera recalcar que la decisión de fijar una tasa de crecimiento del PIB relativamente baja, se debe a la esperanza de ajustarla a los objetivos del plan quinquenal, y a su vez, guiar a las personas de todos los sectores, con el objeto de que enfoquen su trabajo en la aceleración de la transformación del patrón de desarrollo económico, y asimismo, hacer de este –el desarrollo– algo más sustentable y eficiente, con la finalidad de poder alcanzar un nivel y calidad más altos en el largo tiempo (...) Para asegurar el éxito de nuestro trabajo durante este año, debemos asegurar el tema del desarrollo científico, tomar el cambio del patrón de crecimiento económico como la principal amenaza (…). Debemos unir fuerzas para alcanzar un crecimiento sostenido, controlar los precios, ajustar la estructura económica, mejorar la calidad de vida de las personas, implementar una reforma y promover la armonía”. (Los énfasis son nuestros).

De la lectura del discurso del primer ministro es posible identificar la existencia un objetivo bastante claro: cambiar el patrón de crecimiento económico que ha venido utilizando China en estas tres últimas décadas.

Es decir, un desarrollo que se ha caracterizado por cifras de dos dígitos, pero que a su vez ha tenido una serie de efectos “colaterales”, la mayoría de los cuales pasan inadvertidos a los ojos de la comunidad internacional, pero que tienen una repercusión muy fuerte en la estabilidad social de la sociedad china.

Es por ello que el gobierno chino ha manifestado su intención de cambiar el patrón de crecimiento, lo que debe interpretarse más bien como el inicio de una segunda etapa en este capitalismo con características chinas.

Wen ha señalado que es hora de buscar sustentabilidad, eficiencia y calidad, siendo este el único camino posible para alcanzar una China que sea capaz de mantener un crecimiento sostenido en el tiempo. En definitiva, se trata de dejar de lado el modelo de “gran taller”, que ha venido utilizando China en los últimos años, para dar paso a la innovación, tecnología y calidad, siendo la tasa de crecimiento desacelerada, uno de los medios adecuados para lograr dicho objetivo.

El problema de la legitimidad

Una de las razones por las cuales el sistema político chino ha tenido un éxito especial en estas tres últimas décadas, ha sido por la habilidad del Politburó de combinar un sistema comunista en lo político con uno de libre mercado en lo económico, una estrategia cuya efectividad ha sido comprobada a través del sostenido crecimiento económico que se ha mencionado.

Sin embargo, y si bien en términos macro ha habido una mejoría incuestionable del nivel de vida de las personas, ello ha tenido como contrapartida la aparición de una serie de efectos colaterales indeseados, incluyendo el aumento sostenido de los precios (inflación), la expansión de la brecha en la distribución del ingreso y la precaria red social existente, sin mencionar el daño medioambiental asociado. Han sido estos los problemas con los que el Gobierno Chino ha debido lidiar los últimos años y que aún constituyen la principal fuente de amenaza a la legitimidad del sistema.

En otras palabras, Hu Jintao y el resto de los líderes chinos se encuentran en la “obligación” de mantener un alto crecimiento económico, pero a la vez deben conservar en niveles aceptables los gérmenes más arriba mencionados, con el objeto de evitar un descontento social generalizado que pueda conllevar consecuencias políticas indeseadas.

Fijar la tasa de proyección del crecimiento en un 7,5%, significa mantenerla en un nivel comparativamente alto a la del resto de las economías, impedir un calentamiento excesivo de la misma, y sobre todo, establecer una meta que probablemente será superada en un punto porcentual. Lo anterior será percibido por la población china como un buen desempeño de sus gobernantes, lo cual tiene una especial importancia este 2012, debido a la llegada al poder de la quinta generación de líderes comunistas al Politburó.

Consecuencias de la “desaceleración” en América Latina

La relación comercial entre China y la gran mayoría de los países latinoamericanos se caracteriza por constituir éstos una fuente de materias primas y alimentos para los más de 1.300 millones de consumidores en el gigante asiático. Paralelamente, China ha disminuido su tasa de proyección económica para el año 2012 y ha señalado que uno de sus objetivos será potenciar el consumo interno, para no depender excesivamente de las exportaciones.

Lo anterior no debe ser tomado de forma desalentadora por los gobiernos latinoamericanos. Por el contrario, constituye una excelente oportunidad para potenciar aún más las ventas de sus productos al mercado asiático. China quiere dar inicio a la segunda fase del desarrollo de su economía, desea innovar y crear productos de mejor calidad, pero para ello, seguirá requiriendo una enorme cantidad de commodities de América Latina.

Por lo tanto, la decisión de aumentar el consumo interno está lejos de significar una pérdida en la fuerza de estas alianzas comerciales, y por el contrario, ratifica que es necesario continuar abriendo nuevos caminos de intercambio comercial.

“¿Una desaceleración china no implicará un menor consumo de materias primas, en nuestro caso, de cobre? Al contrario. Se va a vender más por la demanda interna. La propia Sonami dijo que este año va a ser complicado para cubrir la demanda y creo que los precios del metal subirán”, señaló hace poco Luis Schmidt Montes, embajador chileno en China, al diario El Mercurio.

Ignacio Tornero Ochagavía es egresado de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile y ex alumno de la Universidad de Nanjing en China.

[Foto cortesía de Jefferson Bernardes
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